Planeamiento de la Defensa Nacional e Intereses Marítimos

Ponencia del Lic. Germán Montenegro, Secretario de Asuntos Militares, Ministerio de Defensa de la Argentina.

 

Desde el origen de nuestra gestión, quienes integramos el equipo de la Ministra Nilda Garré nos vimos confrontados al imperativo de llevar adelante la gestión cotidiana del sistema de la Defensa en el estado en que se encontraba, impulsando al mismo tiempo la transformación institucional de nuestra área, en consonancia con los principios alentados desde el Poder Ejecutivo Nacional.

 

 

No fue, ni lo es, una empresa de fácil traducción al plano de lo concreto. El desdén manifiesto por los temas de nuestra cartera creó una deuda institucional a la democracia casi desde su restauración en 1983.

 

 Sin esa necesaria orientación política la maquinaria adquirió una morfología incoherente e ineficiente, destacada por la persistencia de un accionar segmentado de las tres fuerzas y de funciones superpuestas en la órbita del Ministerio de Defensa.

 

 Había que revertir aquel mecanismo que delegaba las principales determinaciones de la jurisdicción en las jerarquías castrenses, convirtiendo consecuentemente al Ministerio en un apéndice burocrático de convalidación de los cursos de acción promovidos por las propias fuerzas armadas.

 

 En rigor se trataba de ejecutar una política de readecuación de un sistema surgido de condiciones que habían sido superadas desde hacía tiempo, al nuevo marco institucional inscrito en la ley: recomponer un nivel de eficacia administrativa que tradujera adecuadamente las políticas en prácticas, acciones y equipamientos.

 

 Para ello nos propusimos completar los instrumentos legales inconclusos y sentar así la arquitectura de una política militar racional, en sintonía con los principios republicanos y democráticos sobre los cuales estamos haciendo avanzar la modernización. Así, logramos la postergada reglamentación de la ley de Defensa, el dictado de la “Directiva sobre Organización y Funcionamiento de las Fuerzas Armadas” y el lanzamiento del mecanismo institucional del Ciclo de Planeamiento Estratégico de la Defensa, con la primera convocatoria al Consejo de Defensa Nacional.

 

 Las reformas implementadas, muchas de ellas surgidas del duro aprendizaje de la derrota en la guerra por nuestras islas Malvinas, han tendido al fortalecimiento del Ministerio de Defensa como cabeza del Sistema de Defensa, confiando la responsabilidad de las operaciones concretas al Estado Mayor Conjunto.

 

 El rol principal de la Fuerzas Armadas en este esquema es el de alistar los medios humanos y materiales para ponerlos a disposición de un determinado teatro operacional, en la defensa territorial del país ante una amenaza de origen externo.

 

 Las sucesivas crisis institucionales y de la economía por las que atravesó la democracia habían postergado el ideal de transformación inscrito en la misma Ley de Defensa Nacional de 1988.

 

 Pero una vez reconquistada la estabilidad, ya no hay argumentos para dilatar la necesaria instancia de reflexión en torno al lugar de la Argentina en los escenarios geo-estratégicos contemporáneos y, consecuentemente, repensar la proyección a futuro del instrumento militar de su Defensa.

 

 Esa fue la principal motivación de la creación del nuevo Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa “Mnauel Belgrano” que deberá aportar una visión estratégica panorámica surgida de un pensamiento crítico, algo vital a la hora de planificar, por ejemplo, qué tipo de instrumento militar debe tener el país.

 

 Su primera actividad académica, el Ciclo Anual de Conferencias sobre los intereses Marítimos de la República Argentina y la Defensa Nacional “Almirante Storni”, creemos, es el ámbito adecuado para la identificación de los intereses nacionales del país en un mar en mutación, desde una perspectiva que atienda a sus especificidades geopolíticas y técnicas, y que a la vez esté abierta a la sociedad a través del aporte académico de los principales centros de estudio del país.

 

 Poder Marítimo

 

 El poder marítimo, punto de articulación del poder naval y los intereses marítimos, incluye todas las variables de seguridad y desarrollo vinculadas con el mar. Es la expresión amplia de la capacidad del país para hacer uso del mar. Pero es también la capacidad para influir en el comportamiento de otros actores a través de lo que uno hace desde el mar.

 

La Argentina, con una costa de 5000 kilómetros y una proyección de su Zona Económica Exclusiva (que a partir del año próximo, como veremos, podría extenderse, en algunos puntos, hasta la milla 350 y en otro incluso hasta la milla 370, medidas desde la costa) es sin duda uno los países al que, por lógica, le cabe una gran responsabilidad en la explotación racional de recursos vivos y naturales, en la preservación del medio ambiente marino, en el transporte de mercancías y en la colaboración internacional en búsqueda y salvamento en alta mar.

 

Pero, así como en un extremo el mar se nos plantea como posibilidad de cooperación, al mismo tiempo, la disputa por los recursos que aloja fácilmente puede derivar en conflicto y competencia. El poder naval representa aquí el protector de los activos marítimos que, paradójicamente, constituyen la fuente misma de su eficacia.

 

En la práctica, la modernización que hemos encarado del sistema de Defensa apunta a reforzar ese Poder Marítimo avanzando en la reconstrucción de la industria naviera nacional, desmembrada durante los años noventa.

 

En lo estrictamente militar, nuestras aspiraciones deberían estar orientadas a lograr una marina de guerra a escala real de nuestras posibilidades económicas y, en el marco de las necesidades sociales, una fuerza proporcionada, alistada y adiestrada, con capacidad de disuadir a cualquier actor que se propusiera afectar nuestros intereses nacionales en el mar.

 

La dimensión y especificidad del instrumento naval argentino futuro deberá resultar de una ecuación coherente entre los objetivos de política Nacional (desarrollo sustentable con equidad, industrialización, reforzamiento institucional) y la ponderación de valor que se haga del mar. Inútil será reclamar una readecuación de medios si previamente no se ha persuadido a la sociedad del valor que tiene el mar en una estrategia de desarrollo nacional. De ahí la importancia que le damos a esta nueva versión del “Ciclo Storni”, remozada y jerarquizada para que se convierta definitivamente en un aporte al debate de ideas que deberá determinar los nuevos presupuestos estratégicos de la proyección argentina desde el mar.

 

Una mirada rápida sobre la problemática arroja a simple vista una desproporción entre la dimensión del espacio marítimo de la Argentina, los intereses económicos y estratégicos nacionales, y la disponibilidad de fondos que el Estado puede destinar a su defensa. Esta brecha insostenible entre recursos y obligaciones, sólo puede ser resuelta con la unión de esfuerzos con países con puntos de vistas semejantes.

 

Ya el Almirante Segundo Storni, pionero de la proyección argentina hacia el mar, había previsto, cien años atrás, que estas condiciones ligarían nuestro destino nacional a la amistad con Brasil y Uruguay, de una parte, y con Chile y Perú, por otra.

 

 Plataforma continental

 

En mayo de 2009 vence el plazo para las presentaciones en torno a la delimitación definitiva de la plataforma continental que puede llevar el límite legal de la jurisdicción nacional de la Argentina en el mar más allá de la milla náutica 200, medida desde la costa.

 

Merced a la incansable tarea coordinada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto a través de la Comisión para el Límite Externo de la Plataforma Continental (COPLA), con la asistencia logística del Ministerio de Defensa a través del Servicio de Hidrografía Naval, en mayo de este año 2008 se terminaron de relevar los datos que servirán de soporte a la posición que la Argentina llevará a la Conferencia del Mar de 2009.

 

Parte de esa posición soberana será revelada en esta conferencia, a través de los testimonios directos de quienes recogieron y procesaron los datos de alta mar.

 

Con la expansión de la frontera marítima hacia el este, la Argentina podría llegar a concretar la incorporación de una importante extensión en el Atlántico Sur que confirmará nuestros derechos sobre los recursos naturales que se encuentren en el lecho del mar o debajo de él, en esta “plataforma continental extendida”.

 

Sin entrar en detalles, la primera constatación analítica es que en pleno proceso de refuerzo institucional del sistema de Defensa e incluso debiendo hacer frente a urgencias que requieren definiciones presupuestarias trascendentes (como las que se generaron tras el incendio del rompehielos Almirante Irizar, o las que se abren en el seno de la Organización Marítima Internacional a propósito de la implementación del LRIT) toda hipótesis de desarrollo de capacidades y de dimensionamiento de la flota militar en el futuro deberá planificarse en base a un considerable aumento del espacio marítimo en el cual la Argentina tiene intereses directos.

 

Repensar el escenario estratégico

 

Un nuevo encuadramiento de la compleja escena mundial, que interconecta los problemas globales y los regionales (tal el caso del aumento de los precios del petróleo y los alimentos) deberá integrar los ejes de análisis de las variables población/recursos, identidad/interés, calidad institucional/orden y conocimiento/innovación.

 

El futuro, estimamos, estará determinado en última instancia por una conjugación de procesos de cambio ya en marcha, que se desenvuelven en un contexto estratégico dinámico que exige considerar las potencialidades distorsivas vinculadas al cambio climático, la globalización y la inequidad que la acompaña.

 

En ese escenario cambiante y por momentos impredecible, de altos costos de la energía, escasez de alimentos, agotamiento de los caladeros de pesca del norte, auge del turismo marítimo, del transporte comercial y de potenciados reclamos de viejos y nuevos actores marítimos, se debería concentrar el pensamiento estratégico para establecer con nitidez nuestras opciones para el futuro.

 

Esta gestión ha fijado algunas bases para un replanteo del poder naval en perspectiva con los nuevos hallazgos de COPLA, incorporando como eje el concepto de los intereses marítimos, que tiene origen, insisto, en la obra del almirante Segundo Storni, así como en las enseñanzas de la guerra por nuestras islas Malvinas.

 

Quiero subrayar los lineamientos expresados ya por la Ministra en su introducción: en el futuro la política naval deberá articular adecuadamente la necesidad de contar con una escuadra de guerra eficiente con el desarrollo económico sustentable y con equidad, la protección del medio ambiente marino, el fomento de la industria naviera y la consolidación de un sistema internacional basado en la multilateralidad y en el respeto a las normas del derecho internacional.

 

 Finalmente debo destacar que el primer peldaño hacia un replanteo serio de nuestros intereses marítimos en la plataforma continental pasa por generar conciencia de la importancia que tiene el mar en nuestras vidas cotidianas y en la estructuración de un mundo más seguro y estable.

 

 Tanto más vigoroso será el poder Marítimo del la Nación cuanto más conciencia hayamos logrado cultivar en el seno del pueblo del valor político, comercial, económico y cultural del mar.

 

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