Escenario Atlántico Sur

Por la Dra. Gladys Lechini, Universidad Nacional de Rosario, miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa “Manuel Belgrano”.

 Voy a ofrecer una mirada, que es la del espacio del Atlántico Sur. Esta área participa de lo que viene a ser el Sur, un concepto bastante elusivo al que muchas veces se ha definido en oposición al Norte, cuando en realidad deberían ser entendidos como conceptos complementarios.

Lo que hemos llamado cooperación sur-sur, con los países que participan de este “espacio Sur”, o sea con los países que están del otro lado del Atlántico, debería ser percibida no como una cooperación excluyente sino como una posibilidad de sumar a favor.

Teniendo en cuenta que uno puede mirar el espacio sudatlántico desde distintas perspectivas, si miramos este inmenso espacio marítimo desde la visión de las relaciones multilaterales, podemos hallar un conjunto de vinculaciones entre estas dos regiones.

Entre Sudamérica -o América Latina- y África hay vinculaciones multilaterales y bilaterales. Hay vinculaciones macro, conexiones públicas y privadas. Si se cruzan las redes de América Latina y África, vemos que la densidad de relaciones es escasa, sobre todo si las contraponemos a la densidad de relaciones que tiene cada país en ambos subcontinentes, con los países del Norte.

Hubo momentos históricos de mayor profusión de relaciones. Por ejemplo, durante la trata de esclavos, que conectó a ambos aunque haya sido en base a una relación negativa.

Hubo otro momento de mayor proximidad con la liberación de las colonias africanas durante los años sesenta y setenta. Entonces hubo espacios de cooperación multilateral, como el Grupo de Países No Alineados o el Grupo de los 77, que caracterizaron un proceso de acercamiento, aunque el error de aquel acercamiento fue que se pensó que porque todos estábamos en el Sur la cooperación iba a fluir por sí misma. Esa cooperación hay que construirla en base a intereses comunes. Si pretendemos avanzar en la integración sudatlántica hay que conocer qué intereses se pueden compartir en los espacios multi y bilaterales.

Hay dos versiones a la hora de enfocar este punto: la versión más brasileña es hablar de Sudamérica y no tanto de América Latina. Desde la perspectiva académica, ciertamente, hay muchas Américas Latinas y no todas son la misma: la América Central, la América Andina, la sureña. Como vemos, nuevamente, los conceptos son bastantes elusivos.

Desde América Latina pensamos la vinculación con el continente africano a partir de hechos concretos. La iniciativa más vieja es la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS), que es el espacio que aparentemente más nos vincula.

Esta empresa que reúne a los países de las dos costas del Atlántico Sur abarca tres grandes períodos que tienen relación con la evolución del Sistema Internacional y con la inserción del Atlántico Sur en las relaciones internacionales: un primer momento fue cuando se creó la ZPCAS a iniciativa de Brasil en 1986. Debemos recordar que ese momento estábamos en medio de la Guerra Fría y fue caracterizado, entre otras cosas, por tratar de alejar la posible intromisión británica en la cuestión Malvinas. A un tiempo se pretendía con él generar un polo de defensa internacional de lo que era el gobierno racista sudafricano.

Si volvemos la mirada a la década del setenta, los años del ’73 al ’75, parecía que la cooperación entre América Latina y África iba in crescendo. Poco después, a causa a de algunas cuestiones económicas -como los shocks petroleros- se mostró que ésta vinculación se diluía y los temas de la deuda externa y los modelos neoliberales ocuparon la escena, lo cuál llevó a nuestros países a mirar más al Norte que a la frontera intra-sudatlántica, obstruyendo estas posibilidades.

Ese fue un primer período, hasta que los cambios en la propia Sudáfrica (que logra su primer gobierno democrático multirracial en 1994) van a hacer que los objetivos iniciales cambien.

Aquel hito electoral y político de Sudáfrica fue el origen del segundo período, que se inició a comienzos de los años 90 y culminó en 1998, con la Argentina como presidente de la ZPCAS. Ese año el gobierno sudafricano entregó la presidencia a nuestro país en Buenos Aires.

En ese instante la ZPCAS buscó nuevos objetivos, basados en las “nuevas amenazas” de la década del ‘90 que tenían más que ver con la seguridad y estaban vinculados al narcotráfico y a la explotación de los recursos marinos.

La reunión que siguió a la de 1998 fue recién en 2007 en Luanda, capital de Angola. Habían pasado nueve años desde el encuentro precedente. Fue un proceso que no avanzó porque los propios actores estaban envueltos en graves problemas internos.

Recapitulando: el primer momento tuvo impulso brasileño, el segundo tiene a Brasil y Sudáfrica como impulsores y el tercer momento, el actual, estimo yo, tiene un empuje argentino-angolano, en contraposición al eje anterior Brasil-Sudáfrica. Quiero decir que para esta afirmación en realidad me estoy haciendo cargo de percepciones externas.

Mi estimación es que, a pesar de este interés argentino renovado, la ZPCAS tiene intereses tan amplios que si no se empieza a trabajar en cooperación en áreas específicas el vínculo va a empezar a diluirse y concluir en otro período de espacios medio vacíos. La ZPCAS tiene potencialidades si se la va a acotando en áreas específicas. Una instancia muy multilateral se abrió con la primera Cumbre África-Latinoamérica entre los 12 estados miembros de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) y los 53 países africanos pertenecientes a la Unión Africana (UA). Estos procesos de integración no funcionan si no están liderados por Estados. En el caso de la reciente iniciativa América del Sur-África estuvo impulsada por Brasil y Nigeria con apoyo de Venezuela en la medida que la reunión de este año en noviembre tendrá lugar en Caracas. Este marco respeta muchos de los supuestos del ZPCAS, en el tema de preservación de los recursos naturales, recursos vivos, aguas, petróleo, agricultura y minería que rescatan el espíritu de ZPCAS.

Argentina ha prometido cooperar con la nueva instancia regional africana que es la Unión Africana y ya se está hablando de una unión entre la organización de Estados Americanos y la Unión Africana.

Otro modelo de aproximación entre subcontinentes se abrió con la reunión de países de América del Sur y países árabes que tuvo su reunión en Brasilia en 2006.  Y ni que hablar lo que es la New Partnership for Africa’s Development (NEPAD) un nuevo modelo de asociación estratégica que, aunque pareciera monitoreado por toda África, desde mi perspectiva está lanzado desde Sudáfrica con lo cual tiene un cierto defecto de nacimiento.

En la actualidad hay instancias multilaterales que otrora no existían y que están envolviendo el espacio del Atlántico Sur, lo cual no me parece que sea un dato menor si es que estamos pensando en recuperar la Argentina marítima e ir más allá de esa frontera que nosotros mismos nos pusimos en las costas. Y esto implica un cambio porque, aunque parezca muy parroquial decirlo, en nuestra tradición el mar se terminaba en la orilla adonde íbamos de vacaciones.

Por eso hay que desarrollar relaciones bilaterales, estatales y privadas con África. El país que tiene mayor costa en Sudamérica es Brasil: ellos han diseñado una política africana. Nuestros vecinos tienen una política muy concreta con Sudáfrica desde 1994 pero además tienen fuertes vínculos de lo que sería una dimensión atlántica. La Argentina, lamentablemente, no ha podido diseñar aún una política africana. Obviamente no pretendo que esta política africana pase por sobre nuestra relación con Estados Unidos o con Europa, pero debe ser complementaria de otras relaciones. La Argentina ha tenido una política por impulsos, y de esa forma ha expuesto avances y retrocesos. Dentro de ese esquema, la única relación permanente la ha tenido la Armada con su relación con Sudáfrica. Esto ha sido mal visto en su momento, sobre todo cuando la Argentina cortó relaciones con Sudáfrica por su política de discriminación racial en 1986, durante la presidencia de Raúl Alfonsín. Sin embargo, la Armada siguió manteniendo en un second track con sus pares y fue eso lo que habilitó positivamente la recuperación de la relación después. A tal punto fue así que pudo activar los operativos Atlas Sur, que desarrolla nuestra Marina de Guerra desde el año 1993 y el último de los cuales se realizó en aguas de Sudáfrica.

Nuestras exportaciones a Sudáfrica, Egipto y Marruecos superan hoy nuestras relaciones comerciales con España o Gran Bretaña. El Atlántico Sur es un espacio que hay que recuperar; la otra frontera no es para desperdiciar, ni desde la perspectiva política, ni la comercial. Por lo expuesto quiero subrayar la importancia de tener diseños de mediano perfil allende el Atlántico, para generar una convergencia diplomática que nos habilite a tener mayor poder de negociación en escenarios internacionales. Y esto es tan válido para las áreas ligadas a la Defensa, como a las del comercio en la Organización Mundial de Comercio (OMC).

En síntesis, el desafío que se nos plantea es recuperar espacios que la Argentina perdió en el ámbito internacional por no tener políticas de Estado.

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