El Pensamiento de una Argentina Marítima

Por el Jefe de Estado Mayor de la Armada Argentina, Almirante Jorge Godoy

 

 Propongo compartir el pensamiento de una Argentina marítima, una comprensión sobre la revaluada importancia del mar y de los cursos de agua, para dar forma territorial acabada a nuestro país y avanzar en su desarrollo sostenible, algo que tiene, además, incidencia directa en el contexto estratégico naval.

 

Desde nuestro nacimiento como nación no hemos establecido  políticas económicas, sociales, educativas y culturales que resaltaran los intereses sobre el mar y sus cursos de agua como factor de desarrollo de la Argentina.

 

En el presente somos protagonistas de una humanidad que alcanzó real conciencia de la relevancia del mar en la armonía mundial y su participación en el bienestar general. La vista de la superficie planetaria cubierta mayoritariamente por mares y océanos, el creciente poblamiento de sus litorales, la poderosa imagen de dínamo perpetuo, la masividad comunicativa y comercial, integran este conciente reconocimiento de que el medio físico geográfico más requerido para los intercambios y el comercio internacional es el mar, concretizando aquella profecía que señaló que el siglo XXI sería el de su conquista definitiva.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando miramos desde el cenit a Sudamérica, nuestra región de pertenencia, observamos la inmensidad oceánica que la contiene y podemos imaginarnos la multiplicidad de riquezas y posibilidades de desarrollo que ella aloja.

 

Estas reflexiones están orientadas a revitalizar nuestra actitud como sociedad frente a las cosas del mar, para que seamos capaces de orientar nuestro espíritu hacia él, en el convencimiento de que ello redundará en una aptitud para hacer, es decir, en la capacidad e idoneidad de albergar valor a través del trabajo y operación en sus aguas.

 Power Point presentado por el JEMA

Desde esta visión como punto de partida quiero dimensionar la importancia del mar en general y del ámbito marítimo en particular, en el claro entendimiento de que resulta imprescindible ahondar de manera sistemática e interdisciplinaria en los factores relevantes que permitan mancomunar los destinos del mar con la tierra.

 

Abordaré análisis tan diversos, en la seguridad de que la ciencia y la técnica dan hoy lugar a un poder antes no conocido del hombre sobre la naturaleza, en cuya interacción sinérgica multiplica su poder cuando se hace cultura. En ello podemos reconocer un mandato de ir más lejos y más profundo y se refuerza la inquietud que repica en nuestro espíritu: ¿tenemos los argentinos una verdadera cultura marítima?.

 

Resulta oportuno agradecer al auditorio y a todos aquellos que consideran importante adentrarnos en estos temas y destacar la continuidad y jerarquización del Ciclo Anual de de Conferencias sobre los Intereses Marítimos de la República Argentina y la Defensa Nacional “Almirante Storni” que con su denominación celebra a un argentino comprometido, cuyo legado a favor del mar, abrió cauces hacia el país grande.

 

Los ocho ciclos anteriores fueron intensos y útiles en la búsqueda de repuestas a la inquietud antes mencionada. De la interacción de los diferentes protagonistas del ámbito marítimo surgieron ideas novedosas, percepciones diferentes y conceptos de identidad unificadores, cuya síntesis, que expondré a continuación, espero no lo prive de su riqueza y esencia.

 

El Medio Marítimo

Los argentinos nacimos desde la tierra, pero consolidamos fronteras y buscamos el mundo por el mar.

Quizás haya sido la tierra fecunda la que nos impidió incorporar definitivamente el paisaje marítimo a nuestro ser colectivo.

 

Podríamos resumir que el mar fue utilizado básicamente como camino de comercio y relación con el mundo. Por el mar hemos buscado y consolidado las fronteras a lo largo de nuestra historia. En la actualidad el desafío es buscar las fronteras de nuestros intereses.

 

La perspectiva historica expone distingos entre la época colonial, los albores de la Patria, los finales del Siglo XIX y nuestra relación con el mar.

 

En tanto geografía, la Argentina forma parte de un subcontinente que podríamos imaginar y percibir como una “isla”, donde el mar determina de manera excluyente su relación con el mundo. América del Sur va y viene al mundo por mar o queda encerrada en sí misma.

 

En su centro, el corazón verde de América, el corazón productivo, la Cuenca del Plata con sus grandes ríos que corren en dirección norte–sur, enlazando regiones de distintas climatología y riquezas. En ese cuadro, se destaca al Río de La Plata como una boca capaz de proyectar un gran porcentaje de la producción sudamericana al mundo.

 

En simultáneo, ante el sostenido aumento de la demanda global de agua, alimentos y energía, la Argentina es poseedora de una inmensa plataforma continental con posibilidad de explotación sustentable de sus valiosos recursos y apta para el empleo práctico de novedosas energías renovables no contaminantes. Más allá, en las grandes profundidades marinas, sabemos de la existencia de nuevas formas de vida.

 

La importancia del mar para los estados se advierte en la coordinación y cooperación para su uso, dando dimensión político-jurídica a las relaciones regionales y globales, cuyo principal marco legal internacional es la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, la Convemar suscripta en 1982.

 

En este ámbito, los distintos actores internacionales exponen y contraponen sus pretensiones. Es ahí donde la defensa de los intereses de la nación toma forma concreta como acto positivo de voluntad política y de consideración estratégica.

 

En este camino, por voluntad propia y en consonancia con el derecho internacional, nuestro país ha avanzado en la consolidación de su soberanía marítima en las últimas décadas.

 

El sistema internacional implica compromisos en amplias áreas de interés y responsabilidad vinculadas con distintas materias tales como la Zona Económica Exclusiva (ZEE), la seguridad de la navegación y la cartografía mundial. Algunas surgen nuevas como la de identificación y seguimiento del tráfico mercante a largas distancias, conocido por su nombre en inglés Long Range Identification and Tracking (LRIT).

 

Dentro de este esquema, nuestra responsabilidad legal de Búsqueda y Rescate (Search and Rescue, en inglés) merece especial referencia por la dimensión geográfica que abarca: aproximadamente seis veces el tamaño de la Argentina continental.

 

Resumidas hasta aquí algunas consideraciones descriptivas, propongo una mirada hacia el futuro que deseamos compartir, para conjeturar las bases de un nuevo contexto estratégico. 

 

Para ello, agrupamos los escenarios según dos planos perceptivos. Por un lado la expresión libre y soberana emergente de la voluntad del propio “vivir” y, por el otro, las señales de interdependencia ante las normas y hechos que acaecen en el ambiente internacional, propias del “convivir”.

 

En este entendimiento preliminar hemos reconocido las siguientes manifestaciones:

 

·        América del Sur es una gran isla rodeada por el medio físico geográfico más requerido por el proceso globalizador.

·        El conocimiento y la creatividad son impulsores excluyentes del desarrollo y soporte esencial de la transformación de los objetos de riqueza.

·        La protección, control y empleo de los recursos naturales se rige por principios de sustentabilidad y protección del medio ambiente.

·        Persistir, desde el orden y el derecho internacional, en la incorporación definitiva al patrimonio nacional de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y sus espacios marítimos, es un imperativo constitucional.

·        Sostener una presencia activa en la Antártida, propiciando y desarrollando las actividades científicas, propias e internacionales, en afirmación de los derechos del país en el continente y a compartir los beneficios resultantes de su mejor conocimiento, es parte de las responsabilidades asumidas por la Argentina.

·        La adhesión y compromiso activo en la preservación de la paz, la seguridad y la convivencia de los pueblos y con el esfuerzo internacional, en la mitigación de los efectos adversos cuyas causas puedan provenir, circular o estar en el mar, son otras de las obligaciones internacionales de nuestro país.

·        Propiciar la integración y cooperación equilibrada de la región en la búsqueda del bienestar general y la relevancia de nuestro país en el contexto regional y global, es un mandato histórico y un objetivo tradicional de nuestra política exterior.

 

 

El Eje Integrador

Los conceptos descriptivos y entendimientos expresados más arriba describen sintéticamente la percepción, la comprensión del mar, que bosquejan el paisaje en el cual se desenvuelve la vida de nuestra Nación y que llevan a algunas conclusiones que considero útiles para la reflexión, pues nos muestra:

 

·        Un multiespacio, contenedor de lo físico y de toda actividad creativa y productiva que en él se desenvuelve, extendido desde la superficie hídrica hacia las profundidades abisales; desde la cordillera andina hasta la remota dorsal medio atlántica, abarcando la ribera, el litoral marítimo, las diversas jurisdicciones y zonas económicas, hasta todo ámbito donde se exprese un interés argentino.

 

·        Una “tierra” que genera derechos sobre el “agua” y el “agua” devolviendo sus recursos y posibilidades sobre la “tierra”, en una estrecha interrelación.

 

·        Un país, en su devenir, de dispar crecimiento, con una macrocefalia a veces inhibidora para el desarrollo armónico del total del cuerpo, con tal abundancia de riquezas de fácil obtención en la tierra que lo despreocupó, de las cuestiones del mar, su contenido y su trascendencia conectiva con el mundo.

 

·        Una poderosa línea vertebral: el gran Paraná fundido en magnífica continuidad con el litoral atlántico. Una columna hídrica que, a modo de síntesis superadora, cohesiona nuestro ideal de país.

 

Esta sugerente síntesis hídrica mostrada por un “signo integral”, articula nuestra región desde el corazón productivo de América hasta la misma Antártida y une el destino de los ámbitos marítimo y continental de nuestro país y de éste con la región y el mundo.

 

En esta línea “vertebradora” encontramos el camino hacia un mayor bienestar -interés vital– que pretende alcanzar la humanidad toda, más allá de cualquier consideración política o filosófica.

 

Para alcanzar este objetivo ansiado, se señala frecuentemente en foros internacional que es perentorio enfrentar los desafíos que nos acechan, so riesgo que llegue el momento en que incluso la mayor de las oportunidades no podrá ya garantizarnos la continuidad como especie humana. Entre los principales riesgos advertidos por la comunidad internacional se destacan el cambio climático, la escasez de agua y la pobreza, identificados como obstáculos a sobrellevar.

 

Otros factores de la actualidad amplifican el impacto de estos desafíos al bienestar de la humanidad: la masividad y la simultaneidad. La masividad cambia las escalas, los volúmenes; la simultaneidad cambia los conceptos de distancia y conectividad. En definitiva, esto constituye una veloz mutación en el ordenamiento del territorio global.

 

Apelando nuevamente a nuestra voluntad creciente de mancomunar los ámbitos marítimo y continental se nos abren los siguientes interrogantes:

 

·        ¿Cómo contribuimos desde el ambiente marítimo al aprovechamiento, mitigación o neutralización de las particularidades de nuestro tiempo?

 

·        ¿Cómo unimos, cómo asociamos, cómo nos brindamos al esfuerzo común para el azaroso tránsito hacia un futuro posible?

 

La síntesis elegida, la línea Paraná-Atlántico como idea integradora, aglutinante, en tanto permite esa mancomunidad de una inmensidad física -tierra y agua-  con diversidad de esencia y multiplicidad de efectos, puede contribuir a respondernos estas inquietudes.

 

Mancomunidad en la cual el hombre, actor principal y excluyente, es quien manifiesta su voluntad de hacer.

 

Resolveremos así, por voluntad, nuestra integral en sus partes relevantes, proponiendo los argumentos que armonicen los ámbitos marítimos y terrestres y encaminen el país al futuro deseado.

 

Temas de Debate

 

En el norte, la Cuenca del Plata se presenta con una poderosa dinámica, a través del gran potencial que posee en riquezas y que determinan una natural capacidad integradora y propulsora del progreso. Sus características le permiten enlazar espacios, diferentes bienes y recursos y facilita naturalmente la necesaria comunicación regional.

 

Por su desembocadura, el propio Río de la Plata, fluye gran parte del comercio argentino e importantes volúmenes de otros países de la región, poniendo de relieve la trascendencia del sistema portuario de sus riberas.

 

Quiero presentar algunas referencias que trascienden esta dimensión y podrían también ser abordadas en otros tramos de esta primera jornada del Ciclo Storni 2008, dedicada a la reflexión en torno a la Plataforma Continental y al Mar Argentino.

 

Un factor a destacar es la necesidad de que las vías troncales de transporte deban estar navegables de modo seguro los 365 días del año, las 24 horas del día.

 

Otro, es el tráfico comercial, en este caso en la Hidrovía, materializado por armadores cuyas embarcaciones están registradas en más de un país miembro.

 

Argentina no es el mayor transportista de la Hidrovía y ha visto migrar sus embarcaciones a registros de otros países, por las asimetrías de costos y normas con relación a Paraguay y Bolivia.

 

Observamos como necesario el desarrollo de una marina mercante nacional para el transporte en este ámbito y como instrumento esencial para sustentar una flota nacional que sostenga el cabotaje, que preserve los tráficos regionales reservados, como es el del intra-Mercosur y que permita actuar en el tráfico internacional de ultramar.

 

Basta recordar el apoyo logístico que brindó en el Conflicto de 1982 para comprender su importancia para la defensa nacional.

 

Como ustedes advertirán, estas cuestiones son de aplicación en todo el ámbito marítimo.

 

La Cuenca del Plata permite mancomunar la fuerza vivificadora del corazón productivo y su ritmo acompasa el acontecer de toda América. Preocuparse por los acontecimientos que en ella se producen y ponderar adecuadamente sus consecuencias, resulta vital para armonizar y prever las necesarias políticas para el desarrollo del país y su participación en la región y el mundo.

 

Esta simple mirada, provee incentivos para decisiones políticas de orden doméstico o internacional con importantes consecuencias para el bienestar general.

 

El Mar Argentino baña íntegramente nuestras costas; la meseta patagónica discurre geomorfológicamente sin solución de continuidad hacia el mar profundo, haciendo emanar derechos sobre los abundantes recursos de sus aguas, fondo y subsuelo y donde se expresa con mayor claridad la sinergia de unir voluntades para mancomunar tierra, que genera derechos sobre el mar, y el mar, que devuelve generoso sus riquezas.

 

Los pioneros patagónicos vislumbraron claramente que la “autopista marítima” (enlace por el mar desde el Río de la Plata hasta los pasos bioceánicos del sur)constituía una herramienta esencial de desarrollo de la región, resultando decisivo para ella la construcción de bases y puntos de apoyo a lo largo del extenso litoral marítimo costero al sur del Río de la Plata.

 

En síntesis, su litoral es la llave integradora de la región y de ésta con el resto del país. Puede sostener y apoyar eficientemente el cabotaje nacional, el comercio marítimo internacional, la ruta hacia la Antártida, las actividades de investigación, económicas y de ejercicio de derechos que se llevan a cabo en el Mar Argentino.

 

Pensar una autopista marítima implica hablar de de una marina mercante nacional que nos lleva indefectiblemente a la necesidad de contar con personal que tripule nuestros barcos de modo idóneo y cumpliendo los estándares requeridos.

 

La Argentina está preparada para transitar estas circunstancias, a través de las Escuelas Nacional Fluvial y Nacional de Náutica. Aquí vuelvo a recordar el rol de nuestros marinos mercantes en tanto reserva naval en el conflicto de 1982.

 

Asimismo, existe en el mundo actual una demanda sostenida de construcción de buques motivada en el crecimiento del tráfico internacional. Es necesario ubicar la industria naval nacional en este contexto e impulsar un desarrollo sustentado sobre la base de las capacidades reales. A la vez resulta vital para los países marítimos contar con una industria naval como industria contribuyente para la defensa nacional, más allá de su importancia económica y social.

 

Es oportuno también proponer para el debate, el tema de los puertos, en tanto ellos representan:

 

·        Interfaz tierra-agua

 

·        Núcleos de comunicación

 

·        Herramientas de progreso en la concepción de las ciudades puertos y,

 

·        Puntos de apoyo esenciales para las actividades en el mar de interés

 

La Argentina, construida desde la tierra hacia el mar, tiene pendiente la consolidación integral de nuestro territorio marítimo, su aprovechamiento controlado y sustentable y una presencia sostenida.

 

Nuestra voluntad mancomunadora encuentra en la presencia colonial de Gran Bretaña en las islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur un condicionante para su concreción.

 

En el mar hay un mundo por explorar y explotar, desde la biodiversidad de aguas y fondos marinos hasta los recursos no vivos del suelo y subsuelo tales como el petróleo, gas y nódulos polimetálicos. Para ello el país debe alcanzar los conocimientos y las tecnologías adecuadas para operar en nuestra plataforma continental y más allá de ella.

 

En el conocimiento del mar, en el conocimiento de su compleja intimidad, fundamenta nuestro país los reclamos de sus derechos y la determinación de sus riquezas vivas y no vivas y de los recursos energéticos ahí alojados.

 

En este contexto, la delimitación de la plataforma continental tema central de esta sesión del Ciclo Storni, tendrá un rol preponderante en la definición de nuestros intereses marítimos en el siglo XXI.

 

 

En mi acotada exposición no puedo soslayar el tema pesquero, factor de gran influencia en la definición de un escenario estratégico en el mar por:

 

·        su ordenamiento y seguimiento,

 

·        el control y vigilancia de los recursos, y por

 

·        lo relativo a pesca no reglamentada y no regulada

 

Estos son temas que afectan los ecosistemas y la sustentabilidad de los caladeros, tanto en espacios jurisdiccionales como más allá de ellos.

 

Las fronteras marítimas definen hoy los nuevos límites de las naciones. Dentro de ellas hay fuentes de desarrollo y bienestar para sus pueblos. Las posibilidades que genera nuestro mar debieran motivarnos a ir y estar en él. Aprendamos a mirar a nuestro país desde el mar.

 

Nuestros intereses se extienden claramente sobre la región antártica, basados en una presencia ininterrumpida más que centenaria, la activa participación en su conocimiento y desarrollo científico, la interacción dentro del esquema del Sistema del Tratado Antártico, donde fuimos pioneros y donde somos continuos partícipes en las discusiones sobre su futuro.

 

La actividad científica en el marco antártico, se encuentra en permanente evolución y ampliación más allá de su actual límite en latitud 60º S. Este concepto de investigación marina se enmarca dentro de las nuevas tendencias instaladas a nivel mundial, de manera tal de contar con la información de los ecosistemas marinos, los factores físicos y químicos y el conocimiento microbiológico de los océanos que rodean a este continente.

 

El Turismo, por otra parte, ha cobrado en la Antártida una importancia trascendente y debe ser tenido particularmente en cuenta. Al respecto la Argentina, con su puerto de Ushuaia, ocupa una posición de privilegio para la prestación de servicios y se constituye en la principal puerta y polo logístico antártico nacional e internacional.

 

Dentro de esta temática, el desarrollo de una terminal aérea y marítima integrada en el continente antártico le permitiría a nuestro país posicionarse inmejorablemente frente a los desafíos que se avecinan en este continente.

 

Las relaciones entre los Estados son cada vez más interdependientes y complejas en los ámbitos social, político, económico y de seguridad. Es así que las naciones buscan integrarse por regiones con objetivos o intereses comunes, para lograr el bienestar y el desarrollo pleno de sus pueblos.

 

En el territorio global, agrupado en bloques regionales, están las oportunidades ante las cuales un compromiso inteligente, prudente y sostenido con el mar, ayudaría a desarrollar los intereses propios en consonancia con la armonía internacional.

 

En cuanto a nuestra relación con el mundo en el Atlántico Sur, ámbito de nuestra cuenca natural de pertenencia, asoman a sus márgenes países con sus propios intereses. La mayor parte de los límites con esos pueblos están en el mar, por lo que su atención responsable ayudará a propiciar un ambiente de paz y concordia. La declaración del Atlántico Sur como Zona de Paz y Cooperación muestra un interesante paso en este camino.

 

Conceptos Finales

 

En mi exposición he enunciado cuestiones generales y no excluyentes, asociadas a la necesidad de mancomunar los espacios marítimos y terrestres en un destino común, partiendo de la percepción del presente e imaginando un futuro posible desde el mar.

 

El futuro que vislumbramos conlleva interrogantes:

 

¿Cómo debe ser la Argentina marítima?

 

¿Cuáles son los intereses asociados?

 

Analizar estas inquietudes nos ayudará a decidir.

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